Durante mucho tiempo, crecí creyendo que ser fuerte significaba no mostrar debilidad. En diversos momentos de mi vida, utilicé máscaras para encajar en lo que pensaba que debía ser: en lo profesional, aparentando seguridad absoluta; en lo personal, ocultando mis dudas; y en lo familiar, siendo la figura que siempre tiene las respuestas. Sin embargo, con el paso de los años y a través de diversas experiencias, entendí que la vulnerabilidad no es debilidad, sino una herramienta poderosa de liderazgo y conexión humana.
Lo curioso es que he aprendido mucho de las nuevas generaciones. Mis hijos, mis alumnos y los jóvenes que se han sumado a mi equipo y emprendimientos han transformado mi perspectiva. Ellos han crecido con un enfoque diferente hacia la vulnerabilidad: hablan abiertamente de emociones, de límites y de la importancia de la autenticidad. Esto me ha llevado a cuestionar mis propias creencias sobre liderazgo, éxito y masculinidad.
Hoy quiero compartir cómo el mostrarme vulnerable ha transformado mi manera de liderar, enseñar y ser padre.
La Máscara de la Fortaleza: Creencias que Nos Enseñaron
Desde pequeños, muchos hombres recibimos el mensaje de que mostrar emociones era un signo de debilidad. Nos dijeron que un líder no puede titubear, que un padre debe tener siempre las respuestas, y que en el trabajo no se deben mostrar dudas.
Por mucho tiempo, adopté esa idea. En mi carrera profesional, intenté liderar desde la fortaleza absoluta, en ocasiones de manera agresiva. Si tenía preocupaciones, las guardaba para mí. Si dudaba, no pedía ayuda. Pensaba que eso me hacía parecer más fuerte. Pero con el tiempo, me di cuenta de que la verdadera fortaleza no está en tener todas las respuestas, sino en reconocer cuando no las tenemos y pedir ayuda.
La vulnerabilidad no quita liderazgo, lo refuerza. La vulnerabilidad genera confianza y autenticidad.
En la Familia: Aprender a Ser Más que un Proveedor
Como padre, también tuve que aprender a soltar la idea de que mi rol era solo ser el proveedor y el que da soluciones. Cuando mis hijos eran pequeños, sentía que debía tener todas las respuestas y mostrarme siempre fuerte. Pero ahora que están en la universidad y enfrentan sus propios desafíos, he comprendido que lo que más necesitan no es que les resuelva la vida, sino que les escuche y valide lo que sienten.
La vulnerabilidad también es esto: mostrarles que nosotros también hemos tenido miedo, dudas y errores. Eso los ayuda a ver que no tienen que ser perfectos, que pueden equivocarse y seguir adelante.
En la Educación: Ser un Profesor que También Aprende
Como profesor, he comprendido que la autoridad no se gana sabiendo más que los alumnos, sino creando un ambiente donde todos podamos aprender juntos. No siempre tengo todas las respuestas en el aula, y cuando un alumno desafía mi punto de vista o me hace una pregunta que no sé responder, ahora lo veo como una oportunidad en lugar de una amenaza.
Decir «No lo sé, pero vamos a investigarlo juntos» no me hace menos maestro, me hace más humano.
La Masculinidad y el Miedo a la Vulnerabilidad
Uno de los mayores obstáculos que enfrentamos como hombres es el miedo a ser vistos como débiles. Nos enseñaron que «el hombre no llora», que debe ser fuerte, proveedor, impenetrable. Pero con el tiempo, he entendido que ser un hombre fuerte no es esconder nuestras emociones, sino saber manejarlas con inteligencia y compartirlas cuando es necesario.
Hoy veo la vulnerabilidad como una herramienta, no como una debilidad. Es lo que nos permite conectar con otros, construir confianza y, sobre todo, vivir con más autenticidad.
Reflexión Final: La Fuerza de la Vulnerabilidad
La vulnerabilidad no es falta de carácter. Es tener el coraje de reconocer que no lo sabemos todo, de pedir ayuda cuando la necesitamos y de mostrar a los demás que también somos humanos.
Liderar con el corazón significa aceptar nuestras imperfecciones y permitir que otros también lo hagan. En el trabajo, en la familia y en cualquier relación, la confianza no se construye desde la perfección, sino desde la autenticidad.
Hoy te pregunto: ¿Cuándo fue la última vez que te permitiste ser vulnerable? Porque ahí, en ese momento, es donde comienza el verdadero liderazgo.