Cuando pienso en lo que el deporte ha aportado a mi vida, no solo me viene a la mente la satisfacción de cruzar una meta, sino también las lecciones que aplico día a día como líder, padre y persona. Desde mis entrenamientos para maratones y triatlones hasta el reto de completar un Ironman, cada kilómetro, brazada y pedalada han sido una escuela. Y últimamente, el pádel y el tenis se han sumado a esa lista, trayendo nuevas oportunidades para aprender, compartir con mi familia y conectar con otros.
He aprendido que el deporte no solo fortalece el cuerpo, sino que también enseña a adaptarse, a trabajar en equipo y a superar desafíos. Por ejemplo, este año enfrenté una lesión en la muñeca izquierda y, el año pasado, me rompí el tendón de Aquiles. Aunque no lo voy a negar, fueron momentos frustrantes, también me ayudaron a reflexionar sobre la importancia de escuchar a mi cuerpo y ajustar mis expectativas.
Aquí comparto algunas lecciones del deporte que aplico en mi vida profesional, personal y familiar.
1. La Disciplina Como Base del Éxito
Si algo he aprendido del deporte es que no hay atajos para alcanzar grandes metas. El éxito llega con constancia y esfuerzo, incluso en esos días donde no tienes ganas de entrenar. La disciplina te lleva a cumplir tus compromisos contigo mismo, y eso es una herramienta que he aplicado en muchos ámbitos de mi vida.
Como padre de tres hijos universitarios, siento que estoy en la última etapa de un maratón. Esta fase requiere más que nunca disciplina para mantener el enfoque en su educación y para administrar los gastos que vienen con esta etapa (que no son pocos, por cierto). Al igual que en el deporte, en esta etapa de la paternidad no puedes bajar la guardia ni perder el ritmo.
2. Adaptarse al Cambio
Ningún entrenamiento o competencia sale tal cual lo planeaste. A veces, el cuerpo no responde, el clima cambia o simplemente surgen imprevistos. Mis lesiones recientes me han recordado que adaptarse es esencial para avanzar, tanto en el deporte como en la vida.
Ahora, a mis 55 años, estoy viviendo un periodo de cambios significativos, sobre todo en el ámbito laboral. Estoy emprendiendo nuevos proyectos y aprendiendo cosas que me sacan de mi zona de confort. No ha sido fácil, pero el deporte me ha preparado para estos momentos. Así como en una carrera, lo importante es ajustar la estrategia y seguir adelante, aunque las condiciones sean diferentes a las esperadas.
3. Aprender del Fracaso
En el deporte, no todas las metas se cumplen, y eso también es parte del proceso. Una vez, una lesión me dejó fuera de una competencia para la que llevaba meses entrenando, y me costó aceptarlo. Sin embargo, aprendí que el fracaso no te define, sino lo que haces después.
El pádel me ha dado lecciones similares. Mi hijo Mateo y yo hemos tenido partidos en los que las tensiones subieron tanto que llegamos a amenazar con no volver a jugar juntos como pareja. Sin embargo, esos momentos nos han enseñado a manejar nuestras emociones, a comunicarnos mejor y a encontrar soluciones, tanto dentro como fuera de la cancha.
4. La Importancia del Equipo y las Conexiones
Aunque muchas de mis actividades deportivas han sido individuales, el pádel y el tenis han puesto el trabajo en equipo al centro. Jugar pádel con Mateo o tenis con Miranda ha sido una manera maravillosa de fortalecer nuestra relación y compartir momentos especiales. Sin embargo, también me han enseñado que las dinámicas en equipo pueden ser complicadas y que se necesita paciencia y empatía para que funcionen.
Además, el pádel me ha permitido ampliar mi círculo social. Es un espacio donde he conocido a nuevas personas y reencontrado a viejos amigos. Estas conexiones han sido un recordatorio de que el deporte no solo se trata de mejorar físicamente, sino también de construir relaciones auténticas.
Reflexión Final: El Deporte Como Metáfora de Vida
El deporte me ha enseñado mucho más que técnicas o resistencia física. Me ha mostrado que la disciplina, la capacidad de adaptación, la resiliencia ante el fracaso y el trabajo en equipo son habilidades que trascienden la cancha y que aplico en mi vida profesional y personal todos los días.
Hoy, cada vez que cruzo una meta o disfruto un partido con mis hijos o amigos, lo hago con la certeza de que el verdadero aprendizaje está en el camino, no solo en la meta. Y, como en el deporte, lo importante no es hacerlo perfecto, sino intentarlo con todo el corazón.
¿Y tú? ¿Qué lecciones de vida has encontrado en tus actividades? Te invito a reflexionar sobre cómo esos momentos fuera del trabajo pueden moldearte y ayudarte a avanzar. Porque, al final, la meta siempre es crecer. asertiva estás tú? Te invito a reflexionar sobre cómo tu propia evolución puede ayudarte a construir relaciones más auténticas.