Acabo de terminar el libro «Generación Ansiosa» de Jonathan Haidt, una lectura que me ha hecho reflexionar profundamente, no solo como padre, sino también como profesional y responsable de recursos humanos. El libro ofrece un análisis detallado sobre cómo la ansiedad y la depresión están impactando particularmente a los jóvenes, y cómo los cambios culturales y tecnológicos han contribuido a que esta generación, a pesar de tener más acceso a información y recursos, se sienta más agobiada y vulnerable.
En mi caso, como padre de tres hijos —dos mujeres de 21 años y un hombre de 20— me veo inmerso en esta realidad. He vivido de primera mano los desafíos que enfrentan, y he aprendido mucho sobre cómo apoyarlos en un mundo tan diferente al que yo experimenté en mi juventud. Además, como líder y responsable de recursos humanos, he observado cómo esta «generación» también afecta el ambiente laboral, influyendo en el bienestar emocional y en el desempeño de los equipos.
Cómo he vivido este proceso como padre
En casa, la ansiedad es un tema constante. Mis hijos han crecido con acceso ilimitado a la tecnología, lo que, si bien les ha abierto muchas puertas, también ha añadido una presión constante. Redes sociales, comparaciones interminables y la necesidad de tener éxito han generado en ellos una carga emocional importante.
Con el apoyo de mi esposa, hemos intentado enfrentar esta situación con muchas conversaciones. Hemos aprendido a escuchar más y a opinar menos, comprendiendo que, en muchos casos, lo que mis hijos necesitan no es una solución inmediata, sino un espacio seguro para expresar sus emociones. También hemos buscado el apoyo de profesionales, recurriendo a la terapia y el coaching para ayudarles a manejar estas situaciones.
Cómo lo he vivido como jefe y responsable de recursos humanos
Como directivo y responsable de recursos humanos, he visto cómo esta misma ansiedad afecta a los colaboradores en el entorno laboral. La ansiedad no discrimina entre generaciones: la presión por destacar, el miedo al fracaso y la constante comparación no son exclusivos de la Generación Z.
El papel de un líder en este contexto es crucial. Es esencial mantener canales de comunicación abiertos y promover un entorno en el que los colaboradores se sientan escuchados y apoyados. Es fácil caer en la trampa de decir que «en nuestros tiempos era diferente» o que «nosotros lo tuvimos más difícil», pero la realidad es que cada generación enfrenta sus propios desafíos. El entorno laboral actual exige más flexibilidad y empatía.
La importancia de la resiliencia y el aprendizaje a través de la experiencia
Un concepto clave que resalta Haidt es la necesidad de que los jóvenes enfrenten dificultades por sí mismos para desarrollar resiliencia. Como padre y como jefe, he aprendido que no siempre podemos proteger a nuestros hijos o colaboradores de todos los desafíos, sino que debemos acompañarlos mientras desarrollan las herramientas para superarlos.
Recuerdo una ocasión en la que mi hijo enfrentaba una crisis académica, y aunque mi instinto fue intervenir y solucionar el problema, decidí darle el espacio para que aprendiera a manejar la situación por sí mismo. Esta experiencia le permitió crecer, y me hizo darme cuenta de que a veces el mayor apoyo que podemos brindar es estar presentes sin interferir.
Reflexiones finales: La ansiedad no distingue generaciones
Aunque el libro se enfoca principalmente en la Generación Z, creo firmemente que la ansiedad no es exclusiva de esta generación. Hoy en día, todos, sin importar si pertenecemos a la Generación Baby Boomers, X, millennials o cualquier otra, estamos inmersos en un entorno que genera incertidumbre y presión constante.
Si queremos fomentar un ambiente de confianza, tanto en casa como en el trabajo, es fundamental evitar la comparación o el juicio. Debemos crear espacios en los que se puedan expresar las emociones sin miedo a ser etiquetados o subestimados. Solo así podremos construir relaciones más fuertes y entornos más saludables, en los que tanto nuestros hijos como nuestros colaboradores puedan prosperar.